Conducir una moto como acto de resistencia: el nuevo desafío de las mujeres en Irán
En Irán, un gesto cotidiano en gran parte del mundo se ha convertido en un acto de desafío: cada vez más mujeres conducen motocicletas pese a que la ley, en la práctica, se los prohíbe. Aunque no existe una norma explícita que les impida manejar, las autoridades solo otorgan licencias de moto a “hombres”, dejando a las mujeres fuera del sistema legal, sin seguro y expuestas a multas o confiscaciones.
La escena se repite en calles de Teherán y otras ciudades: mujeres que aprenden a manejar en circuitos informales, que circulan sin carné y que asumen el riesgo como una forma de desobediencia civil. La moto no es solo un medio de transporte más ágil y económico en ciudades congestionadas, sino también un símbolo de autonomía personal en un país donde la movilidad femenina sigue siendo vigilada.
Este fenómeno ocurre en un contexto más amplio de resistencia silenciosa. Tras las protestas de los últimos años y el endurecimiento de las leyes sobre el uso obligatorio del velo, muchas mujeres continúan desafiando normas que regulan su vestimenta, su presencia en el espacio público y ahora también su derecho a circular libremente. Incluso iniciativas parlamentarias para habilitar licencias femeninas para motos chocan con la oposición de sectores conservadores que apelan a interpretaciones religiosas para sostener la discriminación.
Lo que en gran parte de Occidente se asume como un derecho básico —moverse libremente, conducir un vehículo, decidir sobre el propio cuerpo— en Irán puede significar persecución, sanciones y violencia institucional. La imagen de una mujer sobre una moto no es una postal urbana más: es el recordatorio de un régimen que castiga libertades elementales y de una sociedad que, aun bajo presión, sigue empujando los límites de lo permitido.
Fuente: El País
Foto: Tres iraníes conducen motos sin carné en Teherán el pasado 7 de septiembre.Majid Asgaripour (Reuters/ContactoPhoto)
