El rol del error en el aprendizaje: por qué equivocarse es parte del proceso educativo
Recientemente, un artículo publicado por REDEM.org invita a repensar una idea muy arraigada en nuestra forma de educar: la relación que tenemos con el error.
Aceptar el error como parte del aprendizaje implica un cambio cultural profundo. Ya no se trata de buscar la perfección ni de castigar la falla, sino de valorar el crecimiento constante, la reflexión y la curiosidad intelectual. Cuando una persona entiende que equivocarse no la define, sino que la ayuda a mejorar, se motiva y se compromete más con su propio desarrollo.
En un mundo donde el conocimiento cambia rápidamente y las respuestas correctas no siempre están claras, aprender a equivocarse —y aprender de ese error— se vuelve una habilidad esencial. No solo para la escuela, sino para la vida: enfrentar desafíos, adaptarse a nuevas situaciones y seguir adelante con resiliencia es tan importante como saber la respuesta “correcta”.
Durante muchos años, el error fue visto como sinónimo de fracaso. En aulas, hogares y evaluaciones, equivocarse generó vergüenza, miedo o castigo. El artículo de REDEM.org plantea que esta lógica, lejos de ayudar, muchas veces bloquea el aprendizaje real. Cuando el error se penaliza, los estudiantes tienden a no arriesgar, a repetir de memoria o a evitar participar para no “fallar”.
Sin embargo, desde una mirada educativa más actual, el error cumple una función clave: brinda información. Permite detectar qué no se comprendió, ajustar estrategias, reflexionar sobre el proceso y construir conocimientos más sólidos. Equivocarse no es una interrupción del aprendizaje, sino parte del camino para aprender mejor.
El texto también destaca el rol del docente y del entorno educativo. Cuando se genera un clima de confianza, donde el error no es motivo de burla ni estigmatización, los estudiantes se animan a preguntar, a probar soluciones y a pensar críticamente. En ese contexto, equivocarse deja de ser un problema y pasa a ser una oportunidad.
Esta forma de entender el aprendizaje no solo impacta en el rendimiento académico, sino también en habilidades fundamentales para la vida adulta: la autonomía, la perseverancia, la capacidad de aprender de la experiencia y la resiliencia frente a las dificultades.
Repensar el lugar del error es, en definitiva, repensar qué tipo de educación queremos. Una educación que no forme personas que buscan no equivocarse, sino personas capaces de aprender, corregir y seguir creciendo.
Fuente: REDEM.org
